All Posts by ‘Petersellers

Tranquilo, todo es una pesadilla.

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¡Por fin! Termina la función.

Ha sido un infierno.

Los actores sobreactuában. La trama era burda y sin interés. Los diálogos ortopédicos revelaban una y otra vez su intención y el ingenioso mecanismo desatado en la elección del título.

Dos horas y tres cuartos de aguantarme las arcadas no ha sido nada; ahora es peor.

El director, los actores y demás responsables de tal abominación, son literalmente cubiertos de aplausos. El público emocionado se entrega en bravos y palmas.

Ahora es cuando vienen las preguntas:

¿Forma parte el público del reparto?, ¿estarán en el ajo?.

…y ¿yo?. ¿No estaría mejor durmiendo?

Concluyo: Este espectáculo surreal, que sólo yo parezco contemplar sentado en mi butaca, deseando despertar sobresaltado por mis propios ronquidos, tiene que terminar cuanto antes. De ser posible, ya.

Vida de una Cabra

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La cabra Tomasa tenía un extraordinario sentido del ritmo. Aprendió, casi sin querer, a bailar claqué viendo una película de Gene Kelly. Vivía con una familia de gitanos que la trataban como a uno más. La empleaban en un espectáculo de poca monta, pero cuando se dieron cuenta de su talento, sustituyeron la escalera por una tarima sobre la que Tomasa brillaba con luz propia. Los shows comenzaron a ser más importantes; Barcelona, París, Roma, Londres, Nueva York…, todo el mundo quería ver bailar a la cabra.

Cinco películas en un año, fiestas, reportajes, portadas, entrevistas, anuncios de queso…

…Tomasa estaba en la cima.

La Ley del Mercado

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Carmen tiene setenta y dos años. Ha sido ama de casa toda su vida. Va cada día a hacer la compra al mercado de siempre. Conoce a tod@s l@s tender@s y a l@s demás habituales. Tres charcuterías, cuatro fruterías, dos pescaderías, cuatro carnicerías, una panadería, un herbolario, dos ultramarinos y el puesto de los encurtidos al que nunca ha sabido ponerle nombre. La Ley del Mercado hace que todo funcione a la perfección, incluso deja un poco de hueco para hacer vida social, comentar aquello, preguntar por ésto,… ponerse al día.

Nunca ha visto a ese chaval que acaba de llegar. No puede evitar mirarle inquisitiva, tratando de reconocer algún rasgo o gesto. No aparta la mirada ni cuando el chico vuelve la cabeza al sentir el peso de la curiosidad sobre su nuca. Pasan los minutos pero Carmen conoce exactamente en cada momento a quién le toca la vez. Todo va bien hasta que ese chico, el nuevo, trata de colarse. En lugar de quedarse atónita como una principiante, Carmen saca su revolver y lo dispara cuatro veces a bocajarro, siguiendo la caída del infeliz, que no tiene tiempo de reaccionar.

Todo el mundo irrumpe, tras el silencio, en aplausos y vítores. Todo el mundo aclama a Carmen. Ella sin embargo guarda su arma con deliberada lentitud y el gesto impasible, como alerta.

Por dentro Carmen estalla de orgullo. Sabe que un día más La Ley del Mercado es la que manda.

“Es la Ley del Mercado, …nene”

Rutina Micro-relativa

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Suena el despertador. “Micro-relátame lo que has soñado”

A mediodía me siento morir, así que te llamo e intercambiamos micro-relatos.

Las horas pasan lentas hasta que puedo liberarme. Corro a ti para vivir y escribir juntos cientos de micro-relatos.

Amo a los animales

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La vergüenza fue el resultado de la condena.

La condena resultó del juicio.

El juicio se celebró conforme a la ley.

La ley se dictó para satisfacer un interés concreto y “común”.

Ese interés concreto fue elegido por los legisladores para ser regulado.

Los legisladores ostentaban el poder gracias a la corrupción.

La corrupción provenía de la avaricia.

La avaricia estaba provocada por el miedo.

El miedo era el primogénito del desconocimiento.

El desconocimiento era consecuencia del orgullo.

El orgullo es un sentimiento exclusivo de la raza humana frente a el resto de animales…

…al igual que la vergüenza.

Dime

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Te dije, que me habían dicho, que si dijeras lo que hubimos dicho, tal y como lo habríamos dicho, de haberlo dicho sin decir lo que digo que decíamos, dirían lo que ya han dicho, les digan lo que les digan.

Por mi parte, diré lo que hubiese dicho, diciéndolo en otras circunstancias, en las que, quizá, dijere algo muy diferente. Habiendo dicho esto, habré dicho lo que haya dicho, siempre y cuando lo hubieren dicho ellos primero, y el tiempo acompañe, claro.

Mi piel contra la tuya

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Estaba tendido junto a ti en la cama. Te abracé y te susurré “Te quiero” al oído, y te expliqué, entre susurros, todo lo que significaba.

Tú sonreíste, mirándome a los ojos, y después me abrazaste con todas tus fuerzas apretando tu sien contra mi pecho mientras que un primer plano se iba cerrando sobre tu mirada horrorizada a la cámara.

El tema de fondo (“There´s an end” de Holly Golightly and the Greenhornes) se destaca al principio del estribillo: “…I try to see through the disguise…”