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Sorpresa

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El final sorpresa es un recurso narrativo que, si bien en un primer momento puede resultar llamativo, a medio plazo produce hastío, defrauda al lector cabal y puré de salchichas.

Guión

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—Comenzar nuestro microrrelato con un guión de diálogo es artificioso y puede predisponer negativamente al lector incluso antes de iniciar propiamente la lectura.
—¡Y Vd. que lo diga!
—Qué duda cabe.
—Ya.
—Eso.

Bang

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Matar al narrador para concluir nuestro microrrelato es un recurso efectista y fraudulento que un escritor honesto debiera evitar a toda cos¡BANG!

El último microrrelato

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Considerando el exiguo máximo de palabras que un microrrelato puede contener, incluso según las tesis más generosas en cuanto a su extensión, cabe postular que la cifra total de microrrelatos posibles es, si bien ingente, finita. Es decir, cada nueva microficción mengua ese inmenso monto de narraciones mínimas aún por escribir. El asunto puede parecer trivial, mera conjetura. Ahora bien, el tropel de escritores de microrrelatos crece a ojos vista. Ya son horda que infesta las redes sociales y ha iniciado el asalto a las librerías. De mantenerse esta preocupante progresión pronto nuestra conjetura adquirirá tintes de evidencia; y no resulta difícil pronosticar el futuro del género. Rebasado un punto de inflexión indeterminado la sobreabundancia en apariencia inacabable a la que asistimos hoy se tornará creciente escasez. Agravará la coyuntura el hecho de que la proporción de microrrelatos de calidad, de aquilatado fundamento literario, es, frente al total de la producción, incluso hoy día, insignificante. Esta escasez, esta carestía, necesariamente provocará la intervención de los agentes económicos. Una plétora de balbucientes emprendimientos en cruenta competencia se ocupará de reconducir la situación según las leyes de la oferta y la demanda: cada microrrelato tendrá su precio.
En este escenario, la sensación inicial para el escritor de microrrelatos será de engañosa euforia: una salida laboral a su afición, promesas de riqueza, de monetización, la poderosa reafirmación de la autoestima que supone el ver revalorizado, cuantificado, lo que uno hace. A medio plazo, sin embargo, esta reactivación del ritmo de producción sólo habrá contribuido a acelerar el agotamiento de los recursos narrativos.
Asistiremos entonces a la inevitable irrupción del crimen organizado, de las mafias, del mercado negro. No creo que sea preciso abundar en la descripción de este proceso degenerativo; sus líneas generales deberían estar claras para el lector. Llegará el tiempo en que haya escritores dispuestos a matar y morir por un microrrelato inédito. Llegará luego el tiempo en que no exista otra opción: los microrrelatos aún posibles, disponibles, se contarán por centenas. Después, por decenas. Llegará, al fin, el día en que alguno de los escritores supervivientes teclee el abominable microrrelato final que dé término al género. El último microrrelato.

Preestreno

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Anoche asistí al preestreno de este microrrelato y, bueno, no sé a vosotros que lo estaréis leyendo, pero lo que es a mí, la verdad, pues tampoco me pareció para tanto, ¿no?